miércoles, 19 de junio de 2013

La gruta del oro Leyenda pampa Extraída del libro “Flores y espigas” de Leonor M. Lorda Perellón año 1958

A las sierras de Tandil acaba de llegar un extranjero con cuatro llamas cargadas y varios criados. Los pobladores del lugar suponen que viene del lugar donde abundan el oro y la plata, de la región diaguita. Se saludan diciendo “Marimari” (buen día).
Puelman (hombre de suerte) que así se llama el recién llegado, se siente muy feliz con el recibimiento que se le hiciera y con las muestras de simpatía recibidas, y decide pasar allí el resto de sus días.
Deseó poseer extensiones de tierra en ese lugar y, a cambio de ellas, entregó a los naturales parte del tesoro con que llegaban cargadas sus llamas. Al poco tiempo, por la región y sus alrededores se corrió la voz de que un hombre magnífico se había instalado entre los pampas.
Al poco tiempo llegó otro extranjero que los habitantes del lugar detestaron por ser de carácter despótico y autoritario, al que llamaron Manque (Buitre)
Los nativos se convencieron de que Manque conocía la existencia del tesoro de Puelman y había decidido apoderarse de él. Por eso se había instalado en la región. Los pampas pidieron ayuda a Puelman para expulsarlo. Éste les prometió hacer cuanto pudiera para lograrlo.
Pendenciero y déspota, Manque provocó a Puelman trabándose en pelea, Después de una lucha tremenda, Manque cayó herido, pero tuvo energías para gritar “¡Crees que me han vencido! ¡Si supieran quién soy yo, no te atreverías a desafiarme!”
Temeroso de que sus tesoros le sean arrebatados por el codicioso Manque, Puelman decide esconderlos en las tierras, en un lugar sólo conocido por él, y esa noche pone en práctica su idea sin suponer que Manque, desde detrás de unas plantas, observa sus idas y venidas, enterándose del lugar elegido para ocultar el tesoro.
Esa misma noche, Manque corrió a la sierra donde estaba oculto el tesoro y no pudiéndose apoderar de él, decidió hacerlo desaparecer. Invocó a Alhué (el diablo) y golpeando la peña con sus manos huesosas, mientras que sus ojos despedían enceguecedores haces de luz, consiguió que un hilo de agua, que parecía oro líquido, brotara de la piedra. Era el tesoro de Puelman que él había trasformado . Cumplido su deseo, abandonó la región que desde entonces se conoce con el nombre de “La gruta del oro”
“La gruta del oro” es una cavidad de gran tamaño que existe en las sierras de Tandil, cerca del morro conocido con el nombre de “El sombrerito”. Del techo caen gotas de agua que, al acumularse en el suelo forman un charco que al contacto con la luz, tiene reflejos dorados. De ahí su nombre y su leyenda.

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