miércoles, 26 de junio de 2013

Los martes, calas - Jorge Naselli

Ahora que lo pienso el negro es un color que me agrada (independiente de toda discusión, absurda en este momento, sobre que si es un color o que si no lo es).
Ahora que lo pienso los demás colores no me atraen demasiado; rojos exultantes, desérticos amarillos, húmedos azules, exuberantes verdes, patéticos ocres...
Ahora que lo pienso, tal vez haya contribuido a mi actual desinterés cromático el incómodo conocimiento revelado (en algún momento de mi niñez) sobre la naturaleza físico-atmosférica del arco iris, y no como sospechaba (ansiaba) un sólido puente a una realidad más interesante, más prometedora...
Ahora que lo pienso, el negro siempre ha estado con uno. Desde ese dulce y oscuro flotar gestáltico, hasta ese íntimo (solitario) momento en que uno cierra los párpados para entrar en mundos de infinita ensoñación; aunque ahora que lo pienso en ese preciso instante la extensión desaparece. Así, rápido, sin esfuerzo...
Ahora que lo pienso, tampoco me siento a gusto en los grandes espacios. Uno se ve impelido a llenarlos, a completarlos... ¿No me creen? Imaginen una pared: amplia, inmaculada, vacía... Antes de comprender los cómo ni los por qué, ya se está conjeturando qué colgarle. ¿Siguen sin creerme? Piensen. Casi todos aman los ambientes amplios, espaciosos; ¿para qué?, para poblarlos, llenarlos... Se le teme al espacio por miedo al vacío...
Ahora que lo pienso acá estoy cómodo. ¡Oscuro!... ¡Estrecho!...
¡Ay! ¿A quién engaño? Expuesto a una corta locura, estoy perdido.
Me creyeron muerto, me enterraron vivo...

Fin del principio






1 comentario: